Bien dice Allen Christenson que “el Popol Vuh es el texto
más importante de las tierras altas mayas por su contenido histórico y
mitológico, pero no sólo eso.” (Christenson 2012: 56). Su valor poético, sus
enseñanzas, el aura de misticismo que rodea al mismo manuscrito son sólo una
muestra de la gran importancia que tiene el Popol Vuh, ya no sólo para el
análisis de la cultura maya quiché, sino para el mundo y su cultura en general.
En el presente trabajo se analizará el capítulo de “La doncella Dama Sangre y
el árbol de Uno Hunahpú” para identificar ciertos aspectos sobre el ciclo de la
vida interpretado en la cultura quiché, permitiéndose algunas menciones a otros
aspectos de dicho ciclo en otros pasajes del libro.
En el capítulo mencionado, se
cuenta cómo la Dama Sangre, hija de Reúne Sangre (un dios de Xibalbá) se acerca
al árbol donde fue colocada la cabeza de Uno Hunahpú, y es fecundada por la
calavera del anterior, al escupirle en la mano derecha. De ésta unión nacerán
después los Gemelos, Hunahpú y Xbalanqué, quienes luego vencerán a los señores de
la muerte y se convertirán en el sol y la luna.
Desde el nombre de Dama Sangre, nos encontramos con una
alusión directa a la vida. La sangre es para los quichés la sustancia más
preciosa. En ella se lleva la vida misma de los antepasados quienes están ahí a
pesar de la muerte. La hija de un dios de muerte como madre de dos seres,
muestra dicha polaridad.
Aún más se refuerza esta idea al estar localizada en Xibalbá,
el inframundo donde reinaban dioses causantes de males, y al ser a su vez, el
árbol de Uno Hunahpú. Éste al morir fue decapitado, y donde se coloca su
cabeza florece un árbol al que los mismos dioses de Xibalbá asombraba:
“-Que nadie corte la fruta, ni que se meta nadie debajo del árbol.-“ (Christenson
2012: 175).
El valor de la sangre era tal, que
los curanderos quichés creían que todas las enfermedades se curaban al drenar
la sangre. Por otra parte, la prohibición tan tajante con
respecto a adentrarse en el árbol es rota por la Dama Sangre,
lo que es una alusión al destino. Cuando la calavera pregunta a Dama
Sangre si de verdad desea eso, ella responde que sí, mostrándose pues, la
voluntad.
A su vez, la calavera es una doble
referencia al ciclo de la vida: la cabeza y el hueso. El valor de la
cabeza va desde ser el centro del pensamiento hasta ser el símbolo de “cabeza
de familia”, dirigente. El valor del hueso muestra la muerte, compartiendo
cierta analogía con el mito de Quetzalcóatl.
El hueso es atavismo del
antepasado, ahí se guarda la esencia de los predecesores, que trasciende a la
misma muerte. La calavera escupe en la mano derecha de Dama Sangre. Aquí hay
dos cuestiones importantes que se tomar en cuenta: la mano derecha y la saliva.
Los quichés relacionan el lado derecho con lo masculino y el izquierdo con lo
femenino. El nacimiento de los Gemelos es prueba de ello.
La saliva por otro lado, es esencia
vital por sí misma que, unida a la sangre y los huesos, son sólo una muestra
del pensamiento quiché sobre la vida y la muerte. Existen otros elementos como
el agua que representa fecundidad, pero existe uno muy importante que aunque no
se mencionan en este pasaje, se debe recalcar: el maíz.
Los verdaderos hombres según nos
cuenta el Popol Vuh, están hechos de maíz. Incluso el maíz forma parte de
muchos de los rituales quiché tradicionales. Su importancia es capital en la
cultura maya y aún en la actualidad, dicho valor se conserva.
Todo lo anterior muestra un poco
del pensamiento de los quichés con respecto al ciclo de la vida. “La muerte es
parte necesaria de la vida” (Christenson 2012:184). Así como en otras culturas,
el renacimiento es un pilar enorme de su pensamiento. En el cristianismo, se
ilustra la resurrección (si bien existe la distinción entre renacimiento y
resurrección) con el trigo como elemento principal, que se podría homologar con
el maíz de la cultura quiché; tanto el trigo como el maíz son analogía de la
vida misma; se debe morir para dar fruto, como el árbol de Hunahpú, o la muerte
de los Gemelos.
Los quichés creen a su vez que “sus
descendientes son como sus reemplazos” (Christenson 2012:183). Los que nacen
son aquellos que ya habían muerto, son sus mismos antepasados vueltos a la
vida. De ahí la belleza de lo que cuenta Christenson, al relatar que un quiché
se emocionará tanto cuando le leyó un pasaje del Popol Vuh pues hizo vivir a
los antepasados al leer sus palabras.
Los elementos pues, son muchos, el
valor del “renacer” como lo hace un árbol, las reliquias, los ritos, hacen que
aquel que se acerque al Popol Vuh pueda maravillarse con la extensa y asombrosa
cultura cosmogónica de los pueblos de las altas tierras mayas.
La muerte es parte de la vida, es
una premisa compartida por diversas culturas, pero considero que pocas de ellas
abordan de manera tan rica y poderosa, esa ambivalencia tan impresionante.
El Popol Vuh no es únicamente un
texto para ser leído, es un texto para ser vivido. Y tal como los antiguos
quichés nos legaron sus enseñanzas, sobre vida (inicio), muerte (fin) y renacimiento
(vuelta a empezar) no encuentro mejor forma de concluir que aquella con la que el
Popol Vuh comienza:
Este es el recuento del tiempo en que
todo está inmóvil, en silencio y plácido.
Todo está silencioso y calmado. Callada y
vacía está la matriz del cielo.
(Christenson
2012: 91)
Fuentes de consulta:
CHRISTENSON, Allen. Popol Vuh. (2012).Conaculta , Fondo de
Cultura Económica, México.
LEÓN-PORTILLA,
Miguel. Antigua y Nueva Palabra. Antología de literatura mesoamericana desde
los tiempos precolombinos hasta el presente. (2004). Aguilar. México
Carlos Eduardo Rocha
Gutiérrez
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